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Aunque han pasado 2 semanas y en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil (UCSG) muchos estudiantes ya conocemos los resultados de los comicios celebrados el pasado 22 de enero, quisiera tomarme unas líneas para compartir mis reflexiones al respecto.
Lamentablemente, el demagógico ambiente electoral que hace 1 mes vivimos en la universidad hizo que muchos olvidaran la pésima imagen que nos ganamos ante la opinión pública, debido a los hechos ocurridos en el 2008, a los que ya me referí en un post anterior.
En su momento, supimos que uno de los mayores responsables de este vergonzoso hecho fue el Presidente saliente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica de Guayaquil (FEUCG), líder de la agrupación Independientes y actual asambleísta por Alianza PAIS, Eduardo Sánchez Peralta. Es de conocimiento público que este señor es uno de los mayores defensores del nuevo proyecto de Ley de Educación Superior impulsado por el oficialismo.
Siendo esto así, no sorprendió que durante las semanas previas a las elecciones, se rumore con insistencia (acaso la única fuente de información sobre las decisiones políticas en nuestra universidad) sobre el otorgamiento de un crédito estatal a favor de la FEUCG para remodelar su sede.
Finalmente el día de las elecciones, pudimos observar en los pasillos de la universidad la presencia del ahora ex Ministro del Litoral, Nicolás Issa Wagner (rodeado de guardaespaldas y con una carpeta negra bajo sus brazos) acompañado de la asambleísta por Alianza PAIS, Viviana Bonilla.
Semejante presencia, seguramente mantuvo muy bien informado al Presidente Correa, quien 1 día más tarde durante su cadena sabatina del 23 de enero anunció (antes que la propia universidad de manera oficial) los resultados de la elección para Presidente de la FEUCG 2010 – 2012, en los que resultó ganador el candidato de la agrupación Independientes, Abraham Bedran Plaza.
En definitiva, al reelegir a esta agrupación, los estudiantes de la UCSG han sido cómplices (de manera consciente o no) de la injerencia del Gobierno y de algunos de sus más altos funcionarios en las decisiones internas de la política universitaria.
Conscientemente, sabiendo que el Estado se encamina a convertirse en el mayor empleador del país, encontrando en las aulas universitarias el lugar propicio para palanquearse un puesto público en un futuro cercano, conociendo de antemano los privilegios de la burocracia dorada.
Inconscientemente, seguramente porque el candidato ganador tenía buena retórica y andaba bien vestido, organizó buenas fiestas, repartió volantes prometiendo el oro y el moro, quizá algún amigo formaba parte de su lista… En fin, cuestiones propias de la dinámica electoral universitaria.
Respecto a este sector inconsciente (tan alarmante por ser mayoría), es lamentable observar con total estupor su desinformación y peor aún, su desinterés en los temas políticos y económicos nacionales e internacionales, desconociendo el alcance de estas decisiones en su vida presente y futura. Como si fueran incapaces de bajarse de una nube donde viven una especie de vida ociosa y regalada, que les impide ver la realidad.
Si estos estudiantes son los futuros profesionales llamados a construir el país del mañana… ¿Qué futuro nos espera?
Espero sus comentarios.
Era 2005, mi último año del colegio: con un grupo de compañeros fuimos invitados a participar de un foro intercolegial con un joven político quiteño, desconocido hasta entonces, un tal Norman Wray.Decía ser miembro de Ruptura 25, aquellos (en su mayoría) brillantes muchachos que orquestaron un golpe de estado pacífico desde la sociedad civil contra el gobierno corrupto del dictócrata Lucio Gutiérrez.Nos contaba que estaba recorriendo el país buscando ideas y propuestas de jóvenes de mi edad, pues según él, jóvenes como yo debíamos recibir un nuevo país en 10 años y por lo tanto, nosotros debíamos participar del “proceso de cambio”. Palabras dulces al oído de cualquier ecuatoriano en aquel entonces y mucho más para un muchachito de 17 años, como yo en esa época.Su principal propuesta consistía en convocar a una consulta popular con el fin de preguntarle a los ecuatorianos si estábamos de acuerdo o no con la instauración de una Asamblea Nacional Constituyente, que reformara la institucionalidad del Estado y siente las bases de un país que necesitaba con urgencia insertarse en el mundo. Vuelvo y repito, una propuesta maravillosa para la mayoría de los ecuatorianos en aquel tiempo.¿Cómo no iba a serlo? Con una institucionalidad llena de abusos de poder, corrupción, burocracia, nepotismo, piponazgo, secuestrada por partidos políticos y convertida en caldo de cultivo de la ineficiencia, esta propuesta calaba hondo en todos quienes la escuchábamos.A la sazón, transcurrían días en los que el dictócrata recién había sido derrocado y Alfredo Palacio acababa de asumir el poder. Él denunciaba abiertamente la necesidad de “refundar” el país a través de una Asamblea Constituyente.Por ese entonces, me imaginaba un estado menos burocrático, más pequeño y cercano a la gente. Imaginaba también un estado que intervenga lo menos posible en la economía, que genere un clima propicio para los negocios y la inversión privada, respetando las libertades individuales y brindando incentivos para los emprendedores… Todo eso quedo en sueños, los ecuatorianos ya conocemos el desenlace de esta historia: tiramos al tacho de la basura una oportunidad histórica para refundar el país.En aquel foro, recuerdo haberle dicho a Norman Wray que soñaba con un país de paz. ¿Paz? ¡Qué muchachito tan ingenuo, qué risa! Pues bien, hoy ni siquiera tenemos eso: ¿Cómo vamos a tener paz? Nos miramos de lejitos con nuestros hermanos colombianos, vivimos en medio de unos niveles de violencia nunca antes vistos, tenemos un desempleo feroz y somos víctimas de una política internacional vinculada a líderes autoritarios… Después de todo, creo que no fui tan ingenuo al sugerir que quería vivir en un país de paz.En fin, casi 5 años después mientras reviso la prensa me encuentro con ese mismo joven quiteño, presente en la rueda de prensa en la cual Fander Falconí renunciaba a la Cancillería del Ecuador por discrepancias con Su Majestad Rafael I. Junto a él, se encontraban algunos de los más emblemáticos fundadores de Alianza PAIS y militantes de Ruptura 25.Lo único que se me viene a la mente al verlos es… ¿Será este el país con el que ellos soñaban en 2005?
Dentro de poco se van a cumplir 4 años de un terrible accidente en el que estuve involucrado, pudiendo tener consecuencias fatales. Gracias a Dios, estoy vivo y con plena salud para contarlo.
Lo recuerdo perfectamente, sucedió el 23 de enero del 2006, alrededor de las 12 PM a 3 días de la ceremonia en la que recibiría mi diploma de bachillerato. Me encontraba en el asiento del copiloto acompañando a Isaac Abramowicz, quien conducía un precioso Chevrolet Optra blanco con casi 6 meses de uso, el cual había sido su regalo de cumpleaños número 18.
Veníamos de lavar el auto en uno de esos huequitos del centro de la ciudad, donde por la módica suma de 3 dólares hacían un excelente trabajo, dejando al auto como nuevo por dentro y también por fuera. Nos dirigíamos hacia las calles Alejo Lascano y Av. Del Ejército, viniendo por esta avenida en sentido sur-norte, cuando de repente en la intersección con la calle Francisco de Marcos nos ocurrió un accidente bastante desafortunado: un camión fletero impacto en la ventana de Isaac, destrozando la carrocería del auto y su brazo izquierdo, además de ocasionarle varias cortadas debido a la rotura de los vidrios de su ventana. Yo en cambio, sufrí aquello que llaman el “efecto látigo”, en el cual mi cuerpo fue impulsado hacia adelante y de nuevo hacia atrás a toda velocidad en cuestión de segundos producto del impacto.
Ninguno usaba cinturón de seguridad, por lo que considero un milagro el hecho de no haber salido volando por el parabrisas delantero, mientras que a él, el airbag le sirvió de salvavidas. Inconsciente, lo único que recuerdo fue haber subido caminando a la ambulancia con el cuerpo bañado en sangre, mientras a mi acompañante lo subían en camilla. Una vez dentro, me facilitó su celular desde donde llamé a su papá y a mi tío Mario, para que estuvieran alerta a la situación.
Al llegar al hospital, mis padres estaban esperándonos. Jamás podré olvidar la cara de angustia de mi mamá y sus caricias de consuelo ante mi dolor apenas llegué. Casi enseguida, una enfermera procedió a hacerme unas preguntas para investigación, en la que se determinó que estuve entre 20-25 minutos inconsciente desde el impacto del camión hasta mi llegada a la casa de salud. Literalmente, fue pura adrenalina: no podría describir con palabras el intenso dolor físico y psicológico que sentía en ese instante y que me acompañaría por los próximos 2 días. Una verdadera pesadilla.
Esa misma tarde fui ingresado a cuidados intensivos donde me hicieron toda clase de análisis médicos y posteriormente durante la noche fui intervenido quirúrgicamente por el Dr. Jorge Sigua García. A la mañana siguiente, desperté viendo la noticia de mi accidente en todos los canales de televisión del país e incluso ocupando varias líneas en los diarios mas importantes de Guayaquil. Al ver la imagen del vehiculo destartalado por completo, comprendí que seguía vivo gracias a una intervención divina. No podía ser de otra manera.
Durante ese 24 recibí gran cantidad de visitas y llamados telefónicos de amigos, familiares y demás allegados. Tanto apoyo fue una inyección de ánimo incalculable, que me permitió comprender que tendría una pronta recuperación y al mismo tiempo, sería capaz de retomar mi vida más temprano que tarde.
Finalmente, el miércoles 25 antes del medio día fui dado de alta en silla de ruedas y con orden de reposo absoluto. Temía perderme mi graduación, sin embargo con mucho esfuerzo pude asistir a ella el jueves 26 a las 6 PM, donde recibí mi diploma de bachillerato y me tome las respectivas fotos andando de pie por mis propios medios; eso sí, acompañado de un molesto pero imprescindible cuello ortopédico. Después de eso, reposo obligado por varias semanas.
Solo hoy, 4 años después puedo asimilar la magnitud de lo sucedido y por eso, me tomé el tiempo de escribir este artículo. Una experiencia que me permitió descubrir que el sabio barbudo de allá arriba tenía y sigue teniendo muchos planes para mi, por lo tanto seguramente consideró que no era el momento de marcharme.
Pues si, así es la vida: podemos perderla en el instante menos esperado y de la manera mas imprevista.
Moraleja: ¡EL CINTURÓN DE SEGURIDAD SALVA VIDAS, ÚSALO SIEMPRE!
En memoria de Christiam Arturo Palacios Boloña. Paz en su tumba.
Hacer uso del transporte público en Guayaquil es una auténtica experiencia del tercer mundo. La falta de cultura cívica, el irrespeto y la viveza criolla entre transportistas y pasajeros no son otra cosa sino subdesarrollo en estado puro.
El supuesto servicio, en realidad es un atropello y un verdadero atentado a la dignidad humana: buses en mal estado e incómodos, con aspecto antihigiénico y en compañía de la infaltable música a todo volumen. Conducidos por choferes con pésima educación vial, quienes con su comportamiento grosero e irrespetuoso hacen caso omiso de las respectivas paradas de bus, dejando a los pasajeros “al vuelo” en cualquier esquina (en el mejor de los casos) o bien, en plena calle (como comúnmente suele suceder) sin medir el riesgo y los eventuales accidentes que esto puede ocasionar.
Si a esto se suma el peligro inminente de la delincuencia, no resulta difícil imaginar el sistema verdaderamente caótico que tenemos que soportar los guayaquileños que andamos a pie.
La Metrovia, inaugurada en julio del 2006, se presentó como una alternativa bastante interesante respecto al problema del transporte público. Pienso que es un sistema digno y justo, aunque en mi criterio muestra algunas deficiencias: la desinformación en cuanto a los horarios y frecuencias de las rutas alimentadoras, la eterna fila de los torniquetes al ingreso y también, de vez en cuando, los problemas técnicos que ocasionan que los articulados se detengan entre paradas por varios minutos, mientras van llenos de pasajeros.
Lamentablemente, aquellas actitudes enemigas del progreso como la falta de cultura cívica y la viveza criolla de los pasajeros aparecen aquí nuevamente, traducidas en empujones en las filas, casos de hurto al interior de los articulados y sobretodo en el irrespeto permanente a los asientos de color amarillo asignados exclusivamente a las personas de la tercera edad, mujeres embarazadas y discapacitados, cuando cualquier cristiano decide arbitrariamente ocupar estos asientos. Siendo realista, nuestra cultura popular es así y sin educación difícilmente cambiará.
Sin embargo, tengo la impresión de que el sistema puede mejorar mucho más. ¿Cómo? Sería bueno que el equipo directivo de la Metro tome como referencia al TransMilenio de Bogotá y adopte algunos de sus procedimientos en cuanto a información de recorridos en la página web, puntualidad en las paradas y uso de tarjetas magnéticas al ingreso, que harían desaparecer las enormes filas fuera de las paradas a la espera del botoncito verde para cruzar el torniquete, entre otras recomendaciones.
Aprendiendo y adaptando las mejores prácticas de sistemas similares en otras partes del mundo, produciría un beneficio enorme en los usuarios de este servicio que debe ser fortalecido y mejorado. Esperemos que así sea.
Aunque joven, he tenido la oportunidad de ser cliente de 3 bancos ecuatorianos: Bolivariano, Pacífico y Produbanco, de los cuales me he llevado distintas experiencias en estos años.Soy cliente del Banco Bolivariano hace 4 años, ahí fue donde abrí mi primera cuenta de ahorros cuando aún estudiaba el último año del colegio. Decidí confiar en esta institución debido a la gran cantidad de agencias que poseen por todo Guayaquil, además de su importante red de cajeros automáticos en toda la ciudad. Con valores agregados como la tarjeta Visa Electron y su estupenda banca electrónica (si uno se encuentra en Guayaquil, no existe una igual) el incentivo de trabajar con este banco no podía ser mejor.Aunque sus servicios electrónicos están muy por encima de la competencia, no podría decir lo mismo de sus servicios en persona, los cuales andan de mal en peor: el trato de los cajeros y ejecutivos de servicios además de lento es cada vez más caótico. En los días previos a viajar a Bogotá, Colombia decidí no llevar efectivo en mis manos y manejarme solamente con la tarjeta Visa Electron de este banco. Para esto acudí a una agencia ubicada en el San Marino Shopping, donde el ejecutivo que me atendió me aseguró que mi tarjeta era internacional y que no debía preocuparme porque no tendría inconvenientes en usarla en cualquier parte del mundo.¡Oh sorpresa! Ya en Bogotá, en la caja del supermercado Carrefour tuve que pasar un momento bastante incómodo ya que no pude utilizar mi tarjeta, pues esta se encontraba bloqueada para realizar transacciones en Colombia, Venezuela, Perú y Chile. ¿Cómo podía ser posible? ¡Un ejecutivo de servicios del Bolivariano me había asegurado que podía usarla tranquilamente en cualquier parte del mundo!El calvario no terminó allí, pues llamé al banco en Ecuador, el mismo que se limitó a disculparse y entre excusas absurdas no me ofreció ninguna solución. Desde entonces, de más esta decir que utilizo lo menos posible los servicios de este banco.En 2006, debido a que en ese entonces trabajé para una empresa del Grupo Financiero Banco del Pacífico, recibí una cuenta en este banco para que se acreditara mi sueldo de manera automática cada mes. Al ser un banco tan masivo, prefería utilizarlo lo menos posible. Luego de concluir mi trabajo para esta empresa, mi cuenta aquí estuvo prácticamente abandonada por años.Con el reciente lanzamiento de su tarjeta MasterCard Debit, el Pacífico ha ofrecido un gran incentivo a sus clientes, otorgándoles una herramienta que verdaderamente hace sus consumos mucho más simples y seguros. Un incentivo que me hizo volver al Banco Banco.Sin embargo, su banca electrónica podría ser mucho más útil si no fuese tan burocrática. Con esto, me refiero a lo complicado que resulta transferir fondos hacia cuentas de terceros en otros bancos o incluso hacia el mismo banco, pues se exige como prerrequisito registrar en la oficina de servicios bancarios todas las cuentas a las que deseemos hacer transferencias. ¡Incomprensible! Esto sería tan sencillo como habilitar un formulario en línea para poder ingresar esta información.En contraste con los casos anteriores, soy cliente del Produbanco desde hace 1 año. Definitivamente otro nivel en servicios bancarios: verdadero servicio al cliente, pues tanto sus servicios electrónicos como presenciales son de notable calidad. A través de su subsidiaria Servipagos, es una institución que labora los 365 días del año, de lunes a viernes en horario extendido, mientras que durante los fines de semana y feriados es posible encontrarlos hasta las 15:00. ¡Nada mal! De hecho, al ser un banco con casa matriz en Quito, su red de oficinas y cajeros automáticos en Guayaquil se limita a sitios estratégicos.En fin, parece que muchos bancos en Ecuador se han olvidado del retorno que ofrece un trato cálido y amable, pues salvo honrosas excepciones (una de ellas ilustrada aquí) la verdadera definición de servicio hace rato que escasea en la banca de nuestro país.Por lo tanto, es necesario que los bancos ecuatorianos mejoren sus niveles de servicio y se enfoquen en ofrecer calidad a la par de la cantidad de servicios que ofertan a sus clientes. ¡Cuánto antes!